lunes 30 de marzo de 2009, 17:37:35

Tipo de Entrada: CUADERNO | 7 Comentarios | 3201 visitas

 

 

 

 

 

 

 

Érase una vez un valle precioso y solitario en el que habitaba una raza especial de caballos. Estos animales, a parte de de vivir felices en su paraíso de bolsillo, solían cantar y bailar extrañas danzas de nombres impronunciables, quizás palabras apropiadas para su idioma… Y es que, por sorprendente que parezca, eran capaces de razonar y de hablar, o al menos así lo explicaban los poquísimos pastores extraviados que habían ido a parar de vez en cuando al valle de los caballos canófagos…

 

 

 

El valle de los caballos canófagos.

 

 

De todas formas, no era esto lo más extraordinario de los caballos del valle, de acuerdo con los testimonios de los poquísimos humanos que les habían visto… Por no se sabe qué procesos extraños, estos animales habían abandonado hacía mucho tiempo su dieta estrictamente vegetariana, y con el paso de las generaciones habían acabado por ser carnívoros… Sí, devoradores de carne. Pero es más, no solamente se convirtieron en devoradores de carne, sino que se convirtieron concretamente en devoradores de perros… Por eso vivían en el valle de los caballos canófagos.

 

 

 

El valeroso avance de los investigadores por el valle de los caballos canófagos.

 

 

Este hecho extraordinario dio lugar a especulaciones diversas entre los pocos estudiosos que fueron apareciendo por el valle de los caballos canófagos y pudieron estudiarlos someramente (someramente al menos al principio, porque no resultaban animales fáciles de observar, ni tampoco especialmente afables, parece ser…).

 

 

 

Los caballos canófagos fotografiados con zoom en los primeros tiempos, cuando resultaban un desafío...

 

 

Una vez, un antropólogo se adentró en el valle y dio con ellos, como no podía ser de otra manera. Pasó varios días observándolos y comprobando cómo efectivamente su dieta era carnívora y cómo parecían capaces de comunicarse entre ellos con una especie de jerga incomprensible pero claramente articulada. Después de su trabajo de campo, publicó un artículo en una revista científica de renombre internacional donde llegaba a la conclusión de que era precisamente la dieta carnívora, rica en proteínas, la que había permitido a esta raza de caballos desarrollar su cerebro hasta lograr la capacidad de pensar y de comunicarse de forma compleja entre ellos, proceso que era, al fin y al cabo, el mismo que había permitido a los homínidos primitivos desarrollar las capacidades de su cerebro hasta alcanzar la plena inteligencia.

 

 

 

 

 

 

Pero claro, esta capacidad intelectiva no dejaba de ser una hipótesis todavía sin comprobar, lo que acabó por espolear a un veterinario especialista en etología a visitar el valle de los caballos canófagos. Después de muchos días de estudio y observación, de analizar su comportamiento tanto individual como grupal, sus relaciones e interacciones, realmente concluyo que era cierto que estos animales tenían una capacidad intelectiva más que notable, que eran inteligentes y razonaban entre ellos sin lugar a dudas, como seres humanos. No en vano había podido comprobar que dos o más individuos podían pasarse mucho rato juntos, de pie o tumbados, dirigiéndose “discursos” guturales unos a otros, informaciones que provocaban reacciones sin duda complejas entre los contertulios, e incluso ruidos en todo semejantes a la risa…

 

 

 

Dentro de la nube se prolonga el valle de los caballos canófagos.

 

 

Aunque claro, el manejo de un lenguaje complejo que expresara conceptos, conocimientos, sentimientos e información en general, una pieza clave para dar por probada la inteligencia de los caballos del valle, era algo que todavía seguía siendo una hipótesis, cómo no. Y es que ese lenguaje se manifestaba como una aglomeración de sonidos del todo incomprensibles. Esta situación acabó incitando a un gran filólogo de reconocido prestigio en el rastreo de lenguas muertas o minoritarias a hacer una visita al valle de los caballos canófagos. Era esencial, para continuar esta especie de investigación multidisciplinar, descifrar esa amalgama que parecía transmitir entre los caballos informaciones complejas de una precisión absoluta. El filólogo se pasó meses en el valle de los caballos canófagos, una vez que logró ganarse su confianza. Como era experto en el descifrado de lenguajes raros, consiguió finalmente, tras un esfuerzo enorme y constante, traducir la lengua de los caballos canófagos. Llegó al punto de poder conversar con ellos con absoluta soltura, como con un colega… Y un tiempo después publicó un diccionario de esta lengua recién descubierta, e incluso una antología de los cuentos y relatos que los caballos le habían ido contando. Esta aportación trascendental me permitirá, a partir de ahora, transcribir literalmente algunas conversaciones de interés para esta historia…

 

 

 

Parte de la dieta carnívora de los caballos canófagos, que a falta de pan buenas son tortas...

 

 

Estaba por fin asentada de forma inequívoca la inteligencia de los caballos canófagos, pero quedaban muchos aspectos de su cultura (y es que podía utilizarse ya sin miedo esta palabra al referirse a ellos…) que permanecían en las nieblas de lo desconocido, o como mínimo de lo inexplicado…Su gusto por devorar perros era uno de ellos… El asunto estaba despertando el interés de los estudiosos (veterinarios, cocineros, restauradores…), porque de verdad tenía su cosa... En éstas, fue un restaurador chino, dueño de una importante cadena de restaurantes e investigador de la gastronomía, el que decidió hacer una visita de investigación al valle de los caballos canófagos. No penséis que el valle se estaba convirtiendo en un lugar demasiado concurrido, en absoluto, pero lo cierto es que los caballos canófagos se iban acostumbrando poco a poco a ver gente, y el restaurador chino pudo establecer rápidamente contacto con ellos. La sintonía fue completa cuando el restaurador chino, que se había empollado el diccionario del filólogo de reconocido prestigio, se dirigió a ellos directamente en su lengua.

   - He venido hasta aquí porque me intriga muchísimo vuestro gusto por la carne de perro... – dijo.

   - Es verdad... Tu gente, que quizás esté viniendo por aquí más de la cuenta, supongo que ha podido observar nuestro gusto por la carne de perro… – contestó el caballo que encabezaba el grupo que salió a recibirle.

   - Y lo curioso es que apenas tenéis perros por aquí, por lo que he podio ver - repuso el restaurador.

   - Bueno es verdad... – musitó el caballo portavoz. – La verdad es que comemos la carne que tenemos a mano, vacas, ovejas, cabras, rebecos, marmotas, conejos, alguna chova o algún buitre que ha comido demasiado y es incapaz de despegar después del festín... Pero lo que nos deleita de verdad es la carne de perro, qué quieres que te diga...

   - ¿Sabéis? En China, mi país, la carne de perro es un auténtico manjar, la valoramos como algo de lo más sublime, y hasta criamos ciertas razas de perros con la única finalidad de consumirlos... – dijo con orgullo el restaurador chino.

   - Aquí hacemos lo que podemos, porque también la consideramos un manjar, pero no podemos disponer de ella fácilmente... – comentó el caballo, chasqueando, como con fastidio, su lengua entre sus enormes dientes de caballo. Y añadió – Supongo que te intriga cómo conseguimos los perros, y la verdad es que lo tenemos complicado... Hace mucho tiempo, me han contado los mayores, apareció algún humano como tú acompañado por un perro, y por circunstancias diversas aquél animal acabó en nuestra mesa... Así descubrimos su exquisitez... De tarde en tarde aparece algún perro, normalmente acompañando a un humano, y nos encargamos de él... Con los lobos, que también nos encantaban, acabamos en tiempos de nuestros abuelos. Es lo que hay...

El restaurador chino escuchó al caballo portavoz con atención, y cuando acabó de hablar se quedó largos instantes pensativo.

   - A la vista de que compartimos el gusto por algo tan delicioso – acabó por decir el restaurador chino-, quizás podríamos llegar a un acuerdo... Yo soy dueño de una cadena de restaurantes y un apasionado investigador de la gastronomía, pero además tengo también ciertos contactos en el mundo de la promoción turística... – El restaurador se acarició con cuidado su perilla de chino, perfectamente acicalada, y continuó. – Podría conseguir poner en marcha una campaña turística de vuestro valle, de manera que se presentaran más visitantes... Muchos de ellos traerían sus perros, y una vez en el valle, estarían a vuestra entera disposición...

   - ¿Y qué sacarías tú de todo esto? – pregunto con inevitable suspicacia el caballo portavoz.

   - ¿Hombre, pensaba que empezarías por preguntarme qué sacáis vosotros con todo esto? – contestó el restaurador con sonrisa gatuna.

   - Eso está claro: nuestro alimento preferido, una auténtica rareza...

   - Sí, supongo que como nuestro caviar... – dijo el restaurador como para sí mismo, pensativo. Y al final acabó por decir – Os advierto que quizás este valle idílico se os llene de turistas y paseantes...

   - Eso no es problema, queremos comer perros – dijo casi con urgencia el caballo portavoz. – Pero no has contestado mi pregunta: ¿qué sacas tú de todo esto?

   - Hombre, cobraría una buena comisión de las agencias que organizaran las visitas a vuestro valle, desde luego... Tal vez, en un futuro, podríamos hablar de algún restaurante en el valle donde poder serviros lo que de verdad gusta en mi país, que es lo mismo que os gusta a vosotros... Me encantaría, porque a mis congéneres de la parte del mundo donde vivo les repugna la idea, al fin y al cabo adoran a los perros como animales de compañía... – Y enseguida añadió - Bueno, les repugna sólo cuando saben lo que comen, claro está... La verdad es que no sería nada difícil una buena campaña de promoción, al fin y al cabo sois una atracción en potencia, una raza de caballos razonadores y parlantes, lo nunca visto...

 

 

 

En fin, una "perita - o perrita - en dulce", que se dice...

 

 

Un tiempo después, el precioso y solitario valle de los caballos canófagos era recorrido con cierta regularidad por grupos de paseantes y excursionistas, atraídos por su belleza paisajística y por sus caballos parlantes. Desde luego, en la campaña promocional no se hacía mucho hincapié en sus hábitos alimentarios... Eran datos que constaban en la literatura científica que se había ido generando anteriormente, pero es verdad que nadie se mira la literatura científica, de manera que estas informaciones apenas llegaron a la opinión pública. Ciertamente algunos paseantes perdían a sus perros en las excursiones por el valle de los caballos canófagos, pero ya se sabe, la montaña, los perros, excitados y desobedientes ellos, pobres animalitos...

 

 

 

Otro aspecto de la dieta de los caballos canófagos, que no siempre hay perro en el plato...

 

 

Los caballos canófagos, inteligentes como todo buen predador, nunca atacaban abiertamente a los perros que se adentraban en su valle, o al menos no lo hacían en presencia de sus amos humanos, no fuera que el suministro se fuera al garete. Utilizaban tácticas indirectas, como, por ejemplo, rebaños amaestrados de rebecos que hacían circular por las cercanías del grupo de paseantes, de manera que los perros saltaran en pos de ellos a la carrera y acabaran fuera de la vista de sus amos. En estos casos, es evidente que por lo general los perros no volvían, por mucho que se les llamara...

 

 

 

Un rebeco a  la carrera, haciendo de "gancho".

 

 

Una vez bajaba un grupo de excursionistas de una de las cimas del valle, recorriendo todo su eje junto al arroyo cristalino que lo regaba. En el grupo iba una perra de caza, nerviosa por naturaleza, que no perdía detalle de todo lo que se movía a su alrededor, no fuera que hubiera algo interesante para comer, olisquear o al menos perseguir... De hecho, había perseguido a un rebaño de rebecos más arriba, entregándose a una carrera frenética... Aunque había vuelto de ella, con la boca espumeante por el esfuerzo, eso sí, pero había vuelto junto a los humanos... Más abajo, cuando la niebla de la zona media ya les estaba copando pero aún permitía una visibilidad buena, se lanzó detrás de unos caballos que pululaban por ahí, haciendo ver que pastaban hierba. El dueño de la perra desconfió, porque, aunque en los prospectos de las agencias no se hablaba de ello, él había leído una vez en Internet que aquellos caballos eran carnívoros, y que incluso devoraban perros...  Se inquietó al momento, pero no pudo evitar que el animal se lanzara a la carrera, según su costumbre, completamente obcecado y ajeno a los gritos de alto que se le daban. Enseguida consiguió hacer correr al grupo, que trotaba sin demasiadas urgencias pero huyendo de ella, hasta que en un momento determinado, cansados de que aquel sabroso manjar se dedicara a ladrarles entre las patas, dos de los caballos se encararon hacia ella y empezaron a perseguirla con un trote ligero y rápido, casi un galope. La perra, que no era la primera vez que trataba con caballos rebotones y sabedores de su superioridad, salió corriendo a toda pastilla, mientras el amo se quedaba helado mirando toda la escena. Después de corretear sin rumbo fijo con los caballos detrás, reparó en su amo y se dirigió directamente hacia él, a la carrera.

   - ¡Oye, que esta capulla nos esta tirando los caballos encima! – exclamó uno de los acompañantes del amo al ver aquello. 

   - Bueno hombre, con unos espavientos y unos gritos se pararán... – contestó el amo sin demasiada convicción.

 

 

 

Un grupo de excursionistas con perro en una de las cimas del valle de los caballos canófagos.

 

 

Al final los caballos se detuvieron, qué remedio, porque una cosa es ser carnívoro y otra muy distinta comer gente, con lo mal que se alimentan... Cuando los humanos se plantaron ante ellos con grandes gestos y grandes voces, los caballos entendieron al momento que su sed de sangre no justificaba devorar a esas personas tan asustadas, que al fin y al cabo el estrés perjudica la calidad de la carne, es cosa comprobada... Al contrario, entablaron conversación con los humanos, diciéndoles que les apetecía su perra y que se merecía lo que le pasara porque había molestado a la familia. El dueño, avergonzado y todavía nervioso, balbuceó una disculpa, mientras buscaba con el rabillo del ojo dónde demonios se había metido el animalito... Se llegó a un acuerdo entre hombres y caballos canófagos por el cual la perra incordiante salvaba el pellejo por esa vez, a cambio del compromiso del dueño de educarla en el respeto a los cuadrúpedos. Cuando el amo estrechó la pezuña del caballo portavoz para cerrar el trato, se preguntaba cómo demonios iba a cumplir su parte del pacto...

 

 

 

Restos de un banquete... que no suelen aparecer en los prospectos de las agencias de aventura...

 

 

Ha llegado un momento en que el valle de los caballos canófagos es recorrido frecuentemente por grupos de excursionistas. La conversación con los habitantes del valle forma parte del “pack” de actividades que ofrecen las agencias de aventura a sus clientes. Los caballos canófagos llevan bien la situación, porque han descubierto que les gusta charlar con desconocidos, siempre que se acerquen a ellos con sana curiosidad y con la humildad del visitante... Los prospectos de las agencias advierten a sus clientes de que sean extremadamente respetuosos con sus anfitriones cuadrúpedos, y la verdad es que por el momento no se tienen noticias de altercados. Además, los excursionistas pueden recorrer el valle acompañados de sus perros, siempre que firmen un documento en el que responden por la educación del animal y se responsabilizan de los posibles desmanes que pueda provocar en la persecución de marmotas, rebecos o caballos... Por lo demás, los perros están a salvo, porque los caballos canófagos se han comprometido a no perseguirlos y devorarlos, al fin y al cabo pueden consumir a placer toda la carne de perro que desean en los varios restaurantes abiertos en el valle por el restaurador chino, que, por cierto, entre los ingresos directos de los locales y las comisiones que obtiene de las agencias, se está forrando. Aunque también hay un buen pellizco para las agencias, cómo no... Los restaurantes, edificados siguiendo los parámetros estéticos de la llamada “arquitectura de montaña”, han generado un importante número de puestos de trabajo en los sectores de la construcción y de la restauración... Y las proyecciones futuras son más que halagüeñas, porque ciertos promotores ya han empezado a construir y vender bungalows adosados para los visitantes y cuadras adosadas para los caballos que lo deseen, aparte de haber construido un gran centro de convenciones donde poder desarrollar en el marco adecuado los contactos, charlas y conversaciones entre humanos y caballos, contactos que no en vano forman parte del “pack de aventura” ofertado por las agencias... Por supuesto, todo ello siguiendo los parámetros estéticos de la llamada “arquitectura de montaña”... Os preguntaréis cómo los caballos canófagos pueden financiarse estas comilonas y estas cuadras... Pues con el dinero de la venta de terrenos para las construcciones antes mencionadas, así como con los fondos que desde hace poco destina el Ministerio de asuntos ocioso-turísticos para fomentar la actividad económica en el valle, una parte de los cuales va directamente a sus “bolsillos” (una expresión figurada, para que me entendáis, pues de todos es sabido que los caballos ni tienen ni usan bolsillos...).

 

La última noticia concerniente al valle de los caballos canófagos es el interés de una conocida cadena de gimnasios por abrir varios establecimientos en el valle, específicamente adaptados al físico de estos extraordinarios clientes, pues se ha detectado un interés creciente entre ellos por el “fitness”, el “jogging” o los “pilates”... No en vano el último estudio multidisciplinar, realizado por veterinarios etólogos y dietistas, revela un preocupante aumento de peso y de colesterol en los caballos canófagos, parece ser que debido a los cada vez más largos períodos de inactividad física originados en las charlas interminables con los visitantes, en las también interminables comilonas de perros que practican, y en que las cuadras adosadas de alto standing están muy próximas al centro de convenciones y a los diversos restaurantes equinos. Existe incluso una experiencia piloto de reorientación de los caballos canófagos hacia gustos gastronómicos estrictamente vegetarianos, al fin y al cabo los mismos del resto de sus congéneres, financiado con fondos del Ministerio de sanidad ecológico ambiental. En la campaña colaboran varias importantes cadenas de restaurantes vegetarianos y de cocina “mediterránea”, pero lo cierto es que está encontrando la resistencia explícita de ciertos sectores económicos. Por su parte, y al filo de las diversas y quizás confusas campañas oficiales, la oposición política ya ha pedido directamente la dimisión o el cese de los ministros implicados en la manifiesta, a su juicio, descoordinación e incluso contradicción entre ministerios gubernamentales, y en su defecto la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones anticipadas. Entre tanto, los caballos canófagos engordan y conversan con los turistas, mientras una minúscula facción disidente advierte del riesgo de acabar en un matadero para abastecer las carnicerías humanas... Aseguran que un restaurador francés, dueño de una cadena de carnicerías y restaurantes, y gran estudioso de la gastronomía, ya ha empezado a hacer prospecciones de “mercado” en el valle de los caballos canófagos... 

 

Y por el momento, esto es todo lo que puedo contaros del valle de los caballos canófagos.

 

 

 

Los caballos canófagos recientemente, cuando ya se dejan fotografiar de cerca...

 

 

PS.- Algunas de las situaciones descritas en este relato son rigurosamente ciertas, como la que protagonizó una vez mi perra Mel, adorable pero indómita, en la Coma de l’Orri, en el Ripollès. Respecto a lo demás, que cada uno juzgue por sí mismo lo que pueda haber de cierto, falso o directamente disparatado... Ah, quiero añadir que me gustan los caballos, y que me encantan los restaurantes chinos, donde tal vez no sepa qué me dan, “but I like it...”.

 

 

 

 

 

Imágenes del valle de los caballos canófagos tomadas antes de las últimas promociones.

 

 

 


7 Comentarios
Enviado por Ram el lunes 30 de marzo de 2009

“Que susto, cuando he visto a la Merla me esperaba lo peor...Buufff. ”
Enviado por Gerardo el lunes 30 de marzo de 2009

“Mel, se llama Mel... Bueno, un día la "corrieron" un par de caballones imponentes, y no parecía tener ganas de plantarles cara... Por suerte no se la comieron.”
Enviado por Ram el lunes 30 de marzo de 2009

“Mel otia. me han podio los nevios..”
Enviado por Pep el martes 31 de marzo de 2009

“Bonita la pincelada a lo rebelión en la granja de Orwell”
Enviado por Mati el jueves 2 de abril de 2009


Mi sensible corazoncito de veterinario de caballos todavia no se repone de la impresion! No hay palabras!

Enviado por Gerardo el viernes 3 de abril de 2009

“Bueno Mati, tal vez tu consejo bien ponderado hubiera evitado que estas criaturas extraordinarias y felices se convirtieran en estúpidos consumidores del sistema...”
Enviado por Gerardo el viernes 3 de abril de 2009

“Por cierto Mati, te has de leer el post del Dom del Mischabel... eres parte esencial de la historia.... Y si vas justa de tiempo, al menos también "El fuego de la Coma"... Y creo recordar que en el primer "¿Lo esencial?" también te menciono expresamente...



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