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lunes 22 de febrero de 2010, 18:03:46
Rodeo
Tipo de Entrada: CUADERNO | 4 Comentarios | 2227 visitas

  

   

Pues eso, que leyendo la última crónica del señor Eyo me han venido a la cabeza ciertos momentos en que he tenido que hacer de montañero-torero, que supongo que es la variante que nos corresponde a los montañeros del mítico bombero-torero... Voy a intentar explicaros alguno de ellos, aunque alcanzar la frescura y el desparpajo de los textos de Quo es poco menos que misión imposible... Mi estilo es más narrativo que dialogado, y quizás por ello menos espontáneo... En fin, por intentarlo que no quede...

 

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Tudancas en Cantabria. Éstas no nos dieron problemas, no os impacientéis... y eso que mi coche era rojo...

 

Una vez, hace ochomil años, hacía una excursión circular por los alrededores de los lagos de Covadonga con mi primo Jerónimo y con Marta, que luego se convertiría en su mujer. Cuando estábamos acabando, después de unas cuantas horas de pateo y antes de la bajada final por el empinado hayedo de la Matona hacia el santuario, atravesamos una campa de hierba horizontal más o menos amplia, situada entre espinazos calizos y bosquetes de hayas, un lugar de verdad precioso del que tomé alguna foto. El caso es que estaba abarrotado de vacas, como no podía ser menos, muchas de ellas con sus terneros. Y entre toda esa “fauna” destacaba un imponente toro, un auténtico semental de tropecientos kilos y un precioso pelaje canela. Estaba allí, tranquilo, mordisqueando distraídamente la hierba y lanzando regulares y satisfechas miradas a su numeroso harem y a su numerosa prole... Vaya, lo que se dice un marajá satisfecho...

 

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El marajá con su familia. Aparece en medio más o menos y hacia el fondo, con cabeza oscura. Todavía no había venido a saludarnos, momento del que no hay foto...

 

Pasábamos por un lado de la campa, tratando de hacerlo lo más alejados posible de los animales, y alguno de nosotros comentaba entre tanto que menuda fiera aquélla como nos cogiera ojeriza... Y también alguno de nosotros, quizás yo mismo, comentaba que mientras no les molestáramos... Pero bueno, avanzábamos a buen paso y con la máxima discreción, por si las moscas (o más bien los toros....). El caso es que en un momento dado aquel animalazo, precioso y acojonante (no sólo por sus enormes y vistosos atributos...), pasó de mirarnos repetidas veces (que bueno, pues vale) a arrancarse hacia nosotros casi a la carrera. Era un trote rápido que hacía resonar el terreno de manera a.....congojante..., con un retiemblo tremendo en ese sustrato a menudo lleno de huecos que tienen los pastos de montaña. Aceleramos y casi acabamos corriendo, sin dejar de suponer que sólo se trataba de una maniobra de disuasión. Pero es que no era cuestión de quedarse allí plantados por si solamente quería saludarnos... Por si acaso, mirábamos de reojo la próxima linde del hayedo, una posible alternativa para la huida despavorida si nuestro anfitrión decidía seguir disuadiéndonos desde más cerca... Bueno, efectivamente se detuvo a media campa, a unos cincuenta metros, imagino que satisfecho de vernos “sinceramente arrepentidos” de contemplar a su numerosa familia con excesiva delectación... Ah, estos hombres, si es que son todos iguales...

 

 

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El lago Ercina con la Torre de Santa María al fondo a la derecha.

 

También por entonces, en tiempos jurásicos, una vaca persiguió junto al lago Ercina a Ana, que luego se convertiría en mi mujer... Otra vez en las cercanías de Covadonga, por lo visto tierra de bóvidos echaos palante (aunque no sólo en esas montañas lo son, como os contaré luego). Bueno, la persiguió un ratito pequeño y solamente a un paso rápido, sin ni siquiera arrancarse al trote, pero pegada apenas a un par de metros de Ana, que acabó casi corriendo y gritando que le quitara a esa vaca de encima... En fin, yo me miraba la escena con una sonrisa, aunque la verdad es que acabé pensando en si tendría que hacer alguna cosa más al respecto... Al final no fue necesario que ejerciera mis dotes de valiente torero ante mi chica, por suerte, porque nunca me ha gustado ejercer de héroe y me estimulaba más en ese momento quedar como irónico enamorado que se complace en contemplar las pequeñas asechanzas de su amada... Aquella misma tarde ya habíamos visto a varias vacas “persiguiendo” turistas en las cercanías del lago... Si es que la presión que sufren aquellos parajes en verano es bárbara, hasta las vacas están hartas de los visitantes...

 

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Ana templando.

 

Antes de cambiar de cordillera, y cambiando, eso sí, de especie herbívora, os diré que también hace mucho tiempo un burro persiguió a mi amigo Jaime por las calles de Cucayo, un puebluco remoto en los confines de Liébana, en Cantabria, un lugar de verdad de ensueño. Bueno, lo cierto es que cuando el burro se arrancó a un trote ligero no sabemos porqué, coceando y rebuznando como un descosido, resultó que Jaime estaba delante de él... Ya le dijimos entonces que no nos parecía que le hubiera perseguido a propósito, sino que simplemente estaba en el lugar y el momento equivocados... Durante años Jaime ha estado hablando de la fiereza de los burros de Cucayo, una especie de “mihuras” equinos, criaturas salvajes y despiadadas... 

 

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El valle de acceso a Dobres y Cucayo, un auténtico paraíso.

 

Bueno, voy a cambiar de tercio, que los herbívoros pirenaicos no les van a la zaga a los cantábricos.... (si ya lo decía yo hace un tiempo en mi post “Pirenaico”, todos somos nativos de la nación pirenaica “extended versión”....). A última hora de una tarde de junio del 92 nos plantamos Eduardo, Pep y yo en la borda de Perosa, en el valle de Montgarri, y nos pusimos  a instalar nuestra tienda entre dos enormes abetos muy cercanos a la pista, justo en el lugar donde Pep y yo la habíamos plantado un par de años antes, cuando hicimos nuestro primer Mont Valier. El caso es que había vacas por la zona, muy próximas, y acabamos abortando la instalación porque aquellos animalazos, confianzudos y a la vez retadores, consiguieron sin un solo mugido ni una sola carrera acorralarnos en un círculo de unos pocos metros, simplemente aproximándose con sus cuerpos enormes y haciendo valer su intimidante presencia, observando con sus brillantes ojos oscuros cómo tratábamos de consumar la violación de su territorio con nuestro pingajo de plástico gris... Casi notábamos su aliento en nuestros cogotes... Sí, vale, me diréis que qué rajados, pero lo cierto es que impresionaban... Y nos fuimos a dormir a una dependencia de una de las llamadas bordas de Isil, kilómetro y pico río abajo, si no recuerdo mal. Gracias a eso pudimos dormir tranquilos.  

 

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Cucayo.

 

Ya os conté en mi relato “El valle de los caballos canófagos” cómo el germen de toda aquella historia estaba en la persecución que sufrió mi perra Mel por parte de dos imponentes percherones en la Coma de l’Orri, en el Ripollès... Persecución merecida, desde luego, porque se lanzó a por ellos y acabo “trasquilada”... Ya dice el refrán sabiamente que donde las dan las toman...

http://gerardo.madteam.net/posts/2009-03/el-valle-de-los-caballos-canofagos./

 

 

La última por el momento ha sido no hace mucho, en la Vall de Bisiberri en agosto del 2008, y encima hay un buen reportaje gráfico gracias a la excelente labor reportera de Antonio, aparte de la galería que colgué ( http://gerardo.madteam.net/galerias/2008-08/4258-intento-al-bisiberri-sur/ ).

 

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Antonio y Mel en nuestra tienda en la Vall de Bisiberri, ajenos al rodeo que se avecina...

 

Subimos a instalarnos a la Vall de Bisiberri con la intención de hacer el Bisiberri Sur al día siguiente (lo que por cierto no conseguimos porque nos encontramos un nevero durísimo bajo el coll de Bisiberri y no llevábamos crampones...). De hecho subimos hasta una tienda que ya había sido plantada un día antes por un par de compañeros de Antonio, a medio camino entre el lago principal, el bajo, y el nuevo refugio cabina. Estos colegas bajaban de intentar la cima aquella misma mañana, y ya nos informaron del problema del nevero cuando nos cruzamos con ellos al subir. También nos informaron de la ubicación de la tienda, y allí la encontramos, tranquila, junto al arroyo y en un paraje ciertamente bucólico y desierto. Todo era plácido en una cálida y luminosa tarde de verano pirenaico, hasta que después de la cena y ya metidos en el saco, mi perra Mel, que estaba atada a una piedra junto a la tienda, más que nada para que no hiciera incursiones predadoras por su cuenta y riesgo, empezó de pronto a ponerse nerviosa, a gruñir e incluso a ladrar.

 

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Mel poniéndose como una moto, todavía atada junto a la tienda.

 

Acabamos asomándonos a ver qué rayos pasaba, al fin y al cabo todavía había luz, y vimos a escasos veinte o treinta metros a un grupo de vacas y terneros ya creciditos que nos observaban. Los ladridos de Mel no les espantaban en absoluto, e incluso las madres nos mugían con total descaro.

 

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El grupo está ahí, pidiendo explicaciones...

 

El frenesí creciente de Mel consiguió desatarla, a base de tironear, y se lanzó a la carrera contra ellos, arrastrando consigo la correa. Qué remedio, tuve que salir a intentar poner un poquito de orden en aquel caos, pero me cruce casi al momento con Mel, que volvía al trote a buscar la protección perdida, supongo que después de salir escaldada de su enfrentamiento; incluso se dejó coger la correa sin rechistar, joder...

 

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Bueno, he podido recuperar a Mel sin apenas esfuerzo, pero la faena no ha terminado...

 

Aquellas vacas y terneros se nos iban acercando poco a poco, mirándonos fijamente y sin dejar de mugir, aparentemente indignados por la ocupación de su terreno, seguramente su paso habitual para abrevar en el arroyo. En fin, era un palazo levantar el campamento... Una vez tuve a Mel de nuevo atada junto a la tienda, me dediqué a un breve rodeo de gritos y espavientos para alejarlos un poco, cosa que conseguí a duras penas. Iban reculando despacio, sin prisas ni pánico, mugiendo y girando constantemente la cabeza hacia mí con indignación, diría yo, y seguramente con razón, añado... Bien pensado, menudas maneras las mías, ocupando territorios ajenos y defendiéndolos con chulería, una historia más vieja que el hambre y que los humanos hemos ido repitiendo constantemente y seguimos repitiendo... Antonio me decía que fuera con cuidado, que qué narices tenía de enfrentarme a ellos, pero a la vez se estaba descojonando y se subió con la cámara a un bloque para poder dejar constancia gráfica del lance taurino (o vacuno) sin tener que bajar a la “arena”... o más bien al prado, en este caso... ¡Qué cabróooonnnn, esto es lo que se llama ver las vacas desde la barrera...!!! Bueno, acabaron yéndose y no volvieron a aparecer...

 

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Antonio desde lo alto del bloque, dejando constancia gráfica de mis aptitudes toreras...

 

Al día siguiente, un rebaño abundante de vacas y terneros que pululaba por la orilla del lago inferior, quizás los mismos de la “corrida” de la tarde anterior, ocupaban con total desparpajo el sendero y te obligaban a salirte de él para poder continuar, mientras te miraban desde muy cerca con una altanería fantástica, sin el más mínimo asomo de temor... “¡Y ojito con rechistar, a ver si vamos a montar aquí un sanfermín ribagorzano...!!!”, parecían decir sus dulces pero firmes ojos oscuros.  

 

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Los terneros retadores en medio del camino, a ver, eh!?!?

 

¡Poca broma con ellos, que están en su casa y somos sus invitados, o mejor intrusos, porque nos presentamos sin invitación!

 

 


4 Comentarios
Enviado por Antares el martes 23 de febrero de 2010

“Muy bien contado, Gerardo. Quien no tenga anécdotas bovinas, taurinas, caprinas, equinas o lo que sea por esos montes que tire la primera piedra jajajaja Si es que eso de andar invadiendo sus pastos no piede acabar bien :) En el tono de nuestros últimos comentarios, leyendo tus palabras no he podido dejar de pensar en minotauros, Pasífae, caballos de Diomedes y demás fauna clásica que se las traía... Y verte como un fauno trotando por las praderías tampoco tiene desperdicio :)”
Enviado por Quo_aquo el martes 23 de febrero de 2010

“Bufff si para mi ya es difícil torear toros… no te cuento lo difícil que me es lo de torear halagos… Sea como sea, lo que me dices me llega al corazón y te lo agradezco de verdad Gerardo. Muchas gracias.

Peeeero… jejeje ya nunca nada podrá evitar (que justo en este momento) me haya quedado sin más palabras para añadir a este comentario… después de ver tu olímpica estampa con esos gayumbos jajajajajaja!!!


PD … Totalmente cierto… Realmente hay que ver lo “mucho insospechado” que cada día nos descubre la montaña… y de qué forma!!! Jajajaja.

QUO… Leyendo blogs y cenando leche con madalenas antes de ir a la cama.

Enviado por Gerardo el jueves 25 de febrero de 2010

“Ahhh, chicos, mi olímpica estampa de fauno por los prados... alguna me ha pedido un enlace con el post, y a alguna de las que no me lo han pedido se lo enviaría.....jajaja.....si es que el mundo es así de retorcido.....jojojo!!!!”
Enviado por Antonio el jueves 11 de marzo de 2010

“Si pillas cacho acuerdate de mi y reparte. En definitiva soy el autor de las fotos sexys y tengo mis derechos. Ja, ja, un saludo.”


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