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jueves 1 de septiembre de 2016, 13:08:57
El Gigante
Tipo de Entrada: CUADERNO | 1 Comentarios | 1164 visitas

 

Everest, K-2, Nanga Parbat… No, no va de esto… Aconcagua, Mont Blanc, Monte Rosa, Eiger, Aneto, Posets, Perdido… No, que no va de esto, ni en nuestras cordilleras ni en ninguna de las que hay por ahí… No, no va de montañas gigantes, o de grandes montañas, o de montañas grandes en su respectivo entorno… No, quizás ni siquiera va de montañas, aunque sea verdad que el nombre de “gigante” va ligado también en este caso a una montaña, una cima modesta de escasos 2.800 metros de altitud a la que se sube en apenas dos horas desde el Santuario de Núria, en el Pirineo del Ripollès (Provincia de Girona), dos horas sin apretar…

 

La Vall de Noucreus, la ruta desde Núria hacia el Pic de la Fossa del Gegant, al fondo en el centro.

 

“La Fossa del Gegant”, éste es el topónimo en cuestión, que podría traducirse al castellano como “la fosa o tumba del gigante”. La cima constituye una suave protuberancia pedregosa en esta elevada línea de la cadena divisoria entre el Ripollès gerundense y la Alta Cerdanya francesa, una alta cadena más conocida por algunas de sus cimas más emblemáticas, como el Puigmal, el Bastiments, el Infern o el Noufonts, y que remata en su extremo oriental Lo Rei Canigó. Una cima ésta de La Fossa del Gegant por la que he pasado con Otto hace muy poco, este pasado jueves 25 de agosto (os enlazo la galería de fotos al final), y por la que hacía quince años que no transitaba, desde mi última travesía Ulldeter-Núria en setiembre de 2001 (por lugares muy próximos de los que hablaré a continuación he pasado hace mucho menos tiempo).

 

El Canigó visto desde el Rosselló, concretamente desde el norte, desde el Conflent.

 

Pues eso, que en realidad resulta que esto va de leyendas con una pizquita de historia, y desde luego muchas dosis de literatura. Son éstos los materiales utilizados por Cinto Verdaguer en su poema “Canigó” (publicado en 1886), que es donde se consagra esta historia de la cima de La Fossa del Gegant. La obra se dedica a narrar con un lenguaje muy épico y a la vez muy lírico (una mezcla muy romántica, por cierto, muy decimonónica) las andanzas legendarias allá por el año 1000 del noble Tallaferro contra los sarracenos, siempre ayudado por su hermano Guifré, conde de Cerdanya, y especialmente las del hijo de Tallaferro, Gentil, enamorado del hada Flordeneu. El poema va enlazando los episodios bélicos con los arruyos sentimentales de Gentil y Flordeneu, y a su vez va aportando “claves” (y las comillas van en serio porque ni es ni trata de ser un documento histórico) sobre algunos sucesos producidos en el Pirineo catalán en aquella época, poco después de la eclosión de los primeros condados catalanes pirenaicos nacidos bajo los auspicios del reino franco, y pronto constituidos como entes políticos que iban por libre (si alguien quiere colocar el calificativo de “soberanos”, allá él; yo ahora no quiero utilizarlo aquí porque no pretendo hablar de política…)… Sucesos como serían la fundación de algunos de los grandes monasterios del Pirineo oriental catalán, Sant Martí del Canigó o Sant Miquel de Cuixà, ambos en el Rosselló… Y mixturas como la intervención durante la obra de personajes históricos junto con los literarios, como es el caso del conde Guifré de Cerdanya, que realmente existió, o del Abad Oliba.

 

Sant Martí del Canigó.

 

Sant Miquel de Cuixà.

 

El Canto VIII de la obra, titulado precisamente “La Fossa del Gegant”, se dedica al combate épico que sostiene Guifré de Cerdanya contra el comandante sarraceno, Gedhur, un tipo de piel muy oscura y de talla extra, a juzgar por los apelativos de “negro” y “el gigante” que le dedica el poema. Resulta que los cristianos, comandados por Tallaferro, que está herido y cautivo, han conseguido incendiar audazmente la flota sarracena atracada en Colliure, en la costa rosellonesa, hechos que contempla Guifré de Cerdanya desde la cima del Canigó, donde se encuentra después de un trágico episodio con su sobrino Gentil (que ahora no viene al caso explicar…). La contraofensiva de los moros, comandados por el gigante Gedhur, no se hace esperar y es implacable. Las tropas de Tallaferro están a punto de sucumbir y sólo la irrupción de las tropas de Guifré, bajando de la montaña hasta la costa como un alud, consigue salvar los intereses cristianos. Tras una refriega tremenda, una parte de los moros de Gedhur consigue escabullirse de la pinza cristiana huyendo hacia el interior; quieren llegar a la Cerdanya, desde la cual el río Segre les ayudará a volver a Lleida, tierra musulmana. Podría parece lógico hacerlo por el valle del río Tet, por el Conflent, al norte del Canigó, que es el acceso principal hacia el Coll de la Perche y la Cerdanya; pero por lo que sea, lo hacen remontando el valle del rio Tec, el del Vallespir, al sur de Lo Rei: es una ruta más montaraz, que sube más deprisa a las cadenas de las montañas, y quizás por eso menos vigilada y más segura…

 

El Vallespir.

 

Verdaguer da muestras de su conocimiento directo del Pirineo oriental, que había recorrido hasta gastar todas sus botas… Pese a ser un texto lleno de licencias poéticas, fantasía y metáforas, las rutas casi se siguen como si se tratase de una guía montañera, con un manejo muy preciso de los topónimos. Primero describe la ruta por la que Guifré había bajado hasta la costa en ayuda de Tallaferro (desde el Canigó por Vallmanya, el Priorato de Serrabona –aún visitable hoy – y Vinçà).

 

Serrabona.

 

Y después habla de la que siguen los sarracenos en su intento de llegar a la Cerdanya y a Lleida, huyendo de las huestes cristianas. Van remontando el valle del Tec, pasando por Ceret, y culminan en el Coll d’Ares (cabecera del Vallespir y que lo comunica con el Ripollès). Aquí toman la cadena hacia el oeste, que les lleva por el Roca Colom, Ulldeter y la actual ruta del GR-11 hacia Núria.

 

En esta foto sacada desde el Costabona, el extremo derecho y más alto de la vaguada es el Roca Colom. Al fondo, sobresalen las cimas del Cird d'Ulldeter.

 

Las cimas del Circ d'Ulldeter vistas desde el Pic de la Dona. En el centro, a media altura y antes de las cimas del fondo (Bastiments y Bacivers), se observa la amplia zona del Coll de la Geganta.

 

Los cristianos les persiguen, les hostigan constantemente, aunque no consiguen detenerlos. Entonces Tallaferro, debilitado por las heridas recibidas en Colliure, pide a su hermano Guifré de Cerdanya que persevere en la persecución. Éste, buen conocedor del terreno, decide abandonar la cadena por la que van persiguiendo a los sarracenos y atajar hacia el valle de Carançà, al norte, para poder rodearlos e interceptarlos más allá (el poema no lo especifica, pero un atajo lógico sería descender desde el Coll de la Geganta por el Clot de Bacivers hacia el norte, para remontar luego por el valle de Carançà hacia el oeste y el sur).

 

La cabecera del valle de Bacivers, vista hacia el norte. Por aquí podría haber bajado Guifré...

 

 

 La parte alta del valle de Carançà, la remontada para interceptar. El Coll de Carançà queda hacia la derecha. 

 

 

Y Guifré consigue su propósito. El lugar de la intercepción sería precisamente el entorno del Coll de Carançà, ya otra vez en la cadena principal Ulldeter-Núria, y junto al cual se encuentra muy próxima la cima de La Fossa del Gegant. Y el asunto se resuelve como se resolvían estas cosas por entonces, con un épico combate singular entre los dos héroes, Guifré y el gigante Gedhur.

 

Llegando al Coll de Carançà.

 

En el centro el Coll de Carançà, de terreno claro. Sobre él a la izquierda, el Pic de la Fossa del Gegant.

 

Ya, ya lo sé, todas estas idas y venidas son fruto de la imaginación de Cinto Verdaguer, pero las encaja maravillosamente en un terreno que él conocía muy bien, y todo ello enriquece el disfrute que obtenemos los que todavía vamos pasando por ahí… Lo encuentro muy hermoso, muy evocador… Idas y venidas que debieron producirse en aquellos tiempos turbulentos, quizás no en cotas tan altas, pero que ocurrían, y seguro que muchas veces. Las circunstancias históricas del momento las favorecían indudablemente, momentos de choque de expansionismos territoriales, y de génesis y crisis de estructuras políticas que no sólo enfrentaban entre sí a los rivales religiosos y culturales, sino incluso a los hermanos de credo. Tiempos difíciles…

 

El valle de Carançà visto desde arriba.

 

Ya, ya lo sé, leyendas seguramente inventadas, al menos en sus detalles, escritas en este caso a muchos siglos vista y tal vez con finalidades que algunos considerarán espurias, como sería la de elaborar una patena épica para vestir los primeros balbuceos de una nación, una supuesta nación añadirán algunos… Un texto además escrito con un lenguaje muy hermoso pero en ocasiones deliberadamente anticuado, aunque jamás se pretenda hacer pasar por un poema original de la época, en absoluto, ni mucho menos por un documento histórico de ninguna clase. Ya he dicho que no pretendo hablar de política, pero me parece probable que Cinto Verdaguer, en su condición de sacerdote, poeta y catalán, quisiera escribir una especie de poema fundacional de una Catalunya cristiana. Y como era montañero, y amaba el Pirineo y fue en torno a él donde comenzaron estos escarceos, no podía ser menos que éste el escenario de su obra.

 

El Coll de Carançà en el centro, herboso, visto desde la Fossa del Gegant. A la derecha los Picos de la Vaca. Al fondo, el agudo Pic de l'Infern y la cima doble del Bacivers.

 

Pero bueno, ¿alguna cultura o grupo humano no ha tirado de este expediente para hablar de su fundación y justificar su existencia? Sin ir muy lejos, sin salir de la piel de toro, se me ocurren casos como el de la celebérrima batalla de Covadonga, empleada como crisol fundacional de naciones… Sí, está documentada por cronistas más o menos de la época, pero se le atribuyeron desde el principio elementos metahistóricos que convirtieron una simple escaramuza en otra cosa. Cinto Verdaguer jamás pretendió que su relato tuviera carácter histórico, de crónica de sucesos reales, sino que lo planteó como una simple visión poética de cómo iba naciendo en aquellos tiempos turbulentos algo con lo que se sentía plenamente identificado; y el poema se subtitula expresa y significativamente "Leyenda pirenaica de los tiempos de la Reconquista"… Por cierto, tanto Covadonga como la batalla inexistente ideada por Verdaguer en las cimas del Pirineo, comparten ciertos aspectos: un revés militar de los musulmanes en zonas costeras, que controlaban con más facilidad, y una retirada precipitada por terreno montañoso e inhóspito en la que sufren muchas bajas… Episodios como éstos debieron ocurrir muchas veces y en muchas partes del territorio peninsular… Algunos fundamentados en hechos registrados por cronistas de la época, en casos como el de Covadonga con una innegable proyección política posterior… Y otros con una base histórica tan vaga como la de las correrías de Tallaferro y Guifré por el Circo de Ulldeter… Sí, cosas como el episodio del franco Roldán en Roncesvalles (que si fue algo, parece ser que fue una escaramuza con tribus vasconas, no con tropas musulmanas, cantada luego en su célebre poema), o la mítica batalla de Arrigorriaga entre vascos y una indeterminada coalición de invasores extranjeros en un momento indeterminado…

 

Un momento de mi épico combate en la Fossa del Gegant contra el gigante negro, ayudado por mi osito escudero…

 

Ya, ya lo sé, un texto escrito hace ciento y pico años, con una óptica nacionalista muy propia de las naciones burguesas del siglo XIX, como todos los de la época, y con la visión hoy superada del nativo cristiano que, en nombre de Dios y de la patria, se defiende a espadazos del extranjero infiel e invasor… Bueno, visión superada o no, con la que está cayendo, y con las trampas enormes que el actual contexto político global nos está planteando para caer en ellas de bruces… En fin, el de Verdaguer no sería un enfoque políticamente muy correcto ahora mismo, como el de casi todos sus contemporáneos, normal. Lo alarmante es que algunos contemporáneos nuestros lo aplaudirían entusiásticamente como protocolo a seguir…

 

La cima de la Fossa del Gegant vista desde el Coll de Noucreus, naturalmente con las nueve cruces que le dan nombre. Este asunto daría para otra entrada...

 

Olvidemos las patrias, los credos, las culturas, la historia, la pseudohistoria, la metahistoria… Yo lo intento, y sólo me dejo llevar por la belleza del poema de Cinto Verdaguer y por el amor que irradia hacia el Pirineo, al que convierte en protagonista insoslayable. Y por eso me vais a permitir que vuelva al poema… No es difícil imaginar cómo acaba el combate singular entre Guifré y Gedhur, ¿verdad?  Tras ofrecerle Guifré la rendición, como buen caballero forjado en los estrictos protocolos de las justas medievales, y declinar Gedhur la oferta, comienza el colosal intercambio de golpes. Incluso los pastores de Setcases y Tregurà confunden el estruendo con truenos, y las chispas del metal entrechocando con relámpagos… Salpica la sangre en el Coll de Carançà y en la Fossa del Gegant… Hasta que un tremendo golpe fallido del gigante, permite a Guifré atravesarlo con su espada de parte a parte. Cae Gedhur con el estrépito con el que caían los héroes de Homero ante las murallas de Troya, y su cuerpo rueda valle abajo resonando como un terremoto.

 

La cabecera de Coma de Vaca vista más o menos desde el sur. El pico del extremo izquierdo es la Fossa del Gegant.

 

Dice la nota 6 del Canto VIII del poema, escrita por el propio Verdaguer, que la Fossa del Gegant era un monumento situado a los pies de la “coma” o valle del mismo nombre. No ubico ahora exactamente una “coma” con este nombre, pero supongo que sería la cabecera del valle llamado Coma de Vaca, que se abre al sudeste de la cima de la Fossa del Gegant y constituye la vertiente más abrupta del pico, al sur del Coll de Carançà y de los Pics de la Vaca. Describe el monumento casi como una estructura megalítica rectangular, con una losa de roca trasera de metro y medio de altura; dos losas laterales más largas e inclinadas hacia el centro, formando una especie de “tejadillo”; y cerrada por delante con otra losa más pequeña. Añade Verdaguer que los pastores de la zona, después de comprobar el interés de unos señores barceloneses por la estructura, que midieron y dibujaron, pensaron que ocultaba la ubicación de una olla de dinero o de un tesoro, y la desmantelaron. Y no concreta el momento de estos hechos. El propio poeta dedica la sexta estrofa del Canto IX, el siguiente, a cómo algunos prisioneros sarracenos rodean de grandes piedras “la inmensa fosa donde yacen los restos del gigante, colocando como losa la piedra más grande que encuentran en los alrededores”. Desde luego, hoy día no queda nada de esto, si es que llegó a existir y fueran cuales fueran las circunstancias de su destrucción.

 

No es el monumento de Gedhur, pero hay cabañas de piedra en la zona, como ésta a los pies del Bacivers.

 

Pues bueno, como decía hace un rato, todo esto me resulta sobre todo evocador, sí, más allá de todo lo demás… Evocador de lugares naturales a los que la poesía ha querido conceder un sentido humano, insertándolos en el relato de las historias de los hombres; un ejercicio habitual entre los humanos, reliquia de cuando nos movíamos por entornos naturales y los incorporábamos de manera automática a nuestra cotidianeidad... Un ejercicio muy recomendable para no olvidar qué somos y a qué nos debemos como animales racionales ligados a la Naturaleza, y un ejercicio que nos emociona a quienes todavía dedicamos una parte de nuestro tiempo a movernos y vivir por estos parajes, y más si son parajes que queremos, como es el caso. Una excursión por estos lugares “literarios” aporta un plus evidente de goce, basta con imaginar las huestes moras aproximándose desde el este, desde los Pics de la Vaca, y encontrándose con los cristianos en el amplio Coll de Carançà, un lugar donde un grupo no excesivamente grande de hombres tendría espacio razonable para maniobrar… O el estrepitoso desplome del enorme Gedhur por las pendientes de Coma de Vaca…

 

Un buitre sobrevuela la Coma de Vaca. Al fondo casi en el centro se ve la punta oscura de la Fossa del Gegant, y a la derecha el Coll de Carançà. Por los días de Guifré y Gedhur debió haber comida extra...

 

En fin, por tratar de enriquecer nuestra actividad montañera, que no quede… Os voy a transcribir ahora la última estrofa del Canto VIII del “Canigó”, un poco a manera de colofón de todo lo anterior, un hermoso canto a la perdurabilidad de ciertas cosas:

 

“D’ençà que el moro hi queia, fa nou-cents anys,

bé hi deixaren exèrcits petjagolall,

passant-hi a rufagades, a foc i sang;

bé n’hi passaren d’óssos, cabres e isards,

d’estius amb ses tempestes i pedregams,

d’hiverns amb ses nevades, torrents i allaus,

i encara es diu la Fossa, la del Gegant.”

 

Que vendría a ser lo siguiente, traducido al castellano:

 

“Desde que el moro allí cayó, hace novecientos años,

bien que dejaron huella ejércitos,

pasando como ventiscas, a sangre y fuego;

bien que pasaron osos, cabras y rebecos,

veranos con sus tormentas y granizadas,

inviernos con sus nevadas, torrentes y aludes,

y todavía se llama la Fosa, la del Gigante.”

 

Y ahora os enlazo en PDF todo este Canto VIII, “La Fossa del Gegant”: http://www.canigo125.cat/veus/Canigo_en_pdf_files/Cant%20VIII,%20La%20fossa%20del%20gegant_Canigo%CC%81.pdf. Es muy largo para traducirlo aquí entero para los que no sepáis catalán; pero, al margen de que consigáis una edición traducida, os animo a intentar leerlo tal cual y a entender lo que podáis, porque es la manera de disfrutar de la métrica de los versos y de este idioma tan hermoso que Cinto Verdaguer mimó como pocos lo hicieron. Ah, y por supuesto que os animo a leer el “Canigó” completo, por descontado. Y a caminarlo.

 

La Coma de Vaca haciendo honor a su nombre. Al fondo del todo, la zona de la Fossa del Gegant.



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1 Comentarios
Enviado por Laieta el jueves 1 de septiembre de 2016

“Espectacular”


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