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sábado 21 de octubre de 2017, 16:09:43
Zona de confort
Tipo de Entrada: CUADERNO | 664 visitas

 

 

 

 

Se suele decir que la “zona de confort” de una persona es ese entorno vital conocido, previsible, en el que el individuo desarrolla sus actividades con pocos sobresaltos. Así lo sostienen, tengo entendido, libros especializados, “manuales de autoayuda” y otros tipos de teorías y publicaciones… Y son ellas mismas las que a menudo recomiendan, para mantener la capacidad de crecimiento personal, el salirse, al menos de vez en cuando, de dicha “zona de confort”. A veces estas sugerencias abstractas cristalizan en propuestas concretas, del estilo de “sal y conoce gente nueva”, “visita lugares que no conozcas al menos una vez al año”, o “prueba a hacer cosas que no habías hecho antes, o a desarrollar nuevas tareas”, y cosas así… Con frecuencia, estas indicaciones van acompañadas de manifestaciones de energía positiva, cosas como “querer es poder”, o “no temas al fracaso”, etc… ¡Qué bonito es el optimismo!

 

 

 

 

Me dicen algunas personas que debo salir de mi zona de confort para superar los momentos de desmotivación que a veces me dominan, y que reconozco que existen y parecen ir a más... Pero soy lo suficientemente perezoso y cobardica, rasgos personales que también reconozco, como para no tener claro en absoluto que sea la manera de recuperar cosas perdidas, quizás algunas ilusiones perdidas. Si a eso añadimos que no comparto precisamente el optimismo existencial de ciertos “manuales”, pues ya ni os cuento… Sobre esto último, personalmente pienso que ciertos mensajes generan más frustración que otra cosa, la frustración de comprobar la tozudez de las cosas, y cómo muchas veces querer no es poder y el fracaso te deja destrozado… Y sobre las ilusiones perdidas, pues hombre, nunca he tenido proyectos de vida definidos ni me he hecho demasiadas ilusiones nunca con nada, de manera que tengo muy poco que perder si no consigo esto o aquello… ¿Sabéis qué pasa? Que en realidad lo que quiero es que me dejen tranquilo, a mi bola, así de simple. Sí, es algo que a veces puede acercarse al aburrimiento, o parecerlo, pero por otro lado tiene la inmensa ventaja de permitirme vivir en paz interior; al menos de vez en cuando, e incluso con relativa frecuencia, por qué no decirlo…

 

 

 

 

Y también pasa que estoy convencido de que la mejor arma contra la frustración es la moderación y control del anhelo, o al menos del deseo ferviente. “Eso que defiendes no es vivir de verdad”, me argumentaría alguno de inmediato. No voy a entrar en el debate, porque ni es éste el sitio ni nos íbamos a convencer los unos a los otros. Pero reconozco que quizás ya me esté bien “vivir al ralentí”, que podrían pensar algunos, porque ya he dicho antes que mi paz interior es mi bien supremo, seguramente superior a mi propia vida. “Ah, claro, ahora entiendo por qué estás desmotivado”, es como si lo oyera, jejeje... En fin, si fuera realmente por esto, ya os digo que mi desmotivación seguramente ni tendría ni querría que tuviera remedio, que no en vano uno establece sus prioridades, por favor...

 

 

 

 

¿Por qué he de salir de mi zona de confort, es algo tan malo permanecer en ella? Es que atonta y paraliza, dicen, aminora tus recursos, tu inventiva, tu capacidad para afrontar retos y resolver problemas, insisten… Pero, ¿no salgo de mi zona de confort cada vez que me echo al monte? Bueno, creo que al menos venzo mis perezas e inercias, lamentablemente crecientes, y sigo manteniendo el reflejo de salir a caminar, la necesidad de hacerlo porque detecto sus beneficios en mí, desde luego. A nivel modesto, creo que más o menos salgo a veces de mi zona de confort… Aunque es verdad que no me cuesta excesivo esfuerzo, porque son cosas que todavía me gusta hacer. Ya, supongo que van por aquí los tiros cuando te recomiendan que de vez en cuando salgas de tu zona de confort: se trataría de desafíos y retos no necesariamente determinantes y vitales, pero que enciendan tu curiosidad y tu motivación, que venzan tus rutinas. Vale, puedo entenderlo… Tal vez la auténtica escapada de la zona de confort fuera hacer lo que no te apetece, o al menos aquello que a priori no te apetece, o incluso más bien hacer aquello que no has hecho nunca, aquello insospechado ¿verdad?... Pues quizás, no sé… Pero si abandonar la zona de confort es realmente obligarme a hacer cosas por el simple hecho de hacerlas, pues no sé, creo que no… Además, escapar de la zona de confort, si consiste en probarlo todo más allá de mis preferencias y mi tranquilidad, no sé si me parece un protocolo demasiado adecuado y saludable… Es un poco como lo del aburrimiento, que nunca he creído que se combata de forma eficaz llenándote la jornada y la vida de cosas que sabes que en realidad no te apetece hacer: para eso prefiero “perrear”, oír música y tomar algunas cervezas hasta la próxima excursión… aunque pueda aburrirme un poquito mientras tanto.

 

 

 

 

En el ámbito de las actividades montañeras, quizás la plasmación de la consigna de salir de la “zona de confort” consista en intentar modalidades distintas de actividad, o recorrer nuevos terrenos. Yo, como técnicamente soy muy elemental y eso es algo que difícilmente ya va a cambiar, pues me esfuerzo en lo segundo. Y como tengo dificultades a veces para organizar salidas algo ambiciosas y en compañía, y debo moverme a menudo solo, pues trato de encontrar nuevos terrenos en zonas que en general controlo, y en actividades no excesivamente exigentes y no muy lejos de casa, que las energías cada vez sobran menos y el combustible está caro… Ya, alguno me vais a decir que vaya birria de salida de la zona de confort… Precisamente me acaban de proponer participar en una salida al Toubkal, en el Atlas, en torno al próximo febrero, y una amiga, que ya me ha asegurado que ella se apunta, me ha sugerido que me serviría para salir de mi zona de confort… En fin, nunca he hecho montaña fuera de Europa, ni siquiera he salido nunca de Europa. Pero he subido cuatromiles en el corazón de los Alpes tan altos o más que éste, y seguro que más hermosos, y la cosa del exotismo marroquí pues me da un poco igual, en honor a la verdad… Es posible que me apunte, por qué no, entre otras cosas porque sale bien de precio y es la única oportunidad que tengo ahora mismo para volver a un cuatromil, algo que no hago desde 2009… Pero dicho esto, ¿me extrae de mi zona de confort? Es una excursión más como he hecho unas cuantas a lo largo de mi vida, con el incordio añadido de que tengo que coger un avión, con la maldición de facturaciones, controles y esperas en los aeropuertos…

 

 

 

 

No, no pensaba en el Toubkal como terapia específica que me saque de mi zona de confort, en absoluto… Iré, volveré, y todo seguirá igual, tanto lo bueno como lo menos bueno… Tengo la sensación de que también consigue sacarme de mi zona de confort el descubrir y recorrer nuevos terrenos a las puertas de casa, algo que he conseguido en cuatro ocasiones los últimos dos meses. Terreno nuevo no significa ni siquiera zonas nuevas, porque al menos de la Jacetania para acá tengo el Pirineo bastante trillado, sino simplemente rutas nuevas, sentir bajo las botas senderos o vertientes por las que nunca antes había pasado, a pesar de que puedan estar en sectores que conozco bien. Por ejemplo esto ha ocurrido dos veces este último agosto, primero con la travesía del Port de Vielha, que no había hecho nunca, y luego con la ascensión casi improvisada al Pic de Pedescals, en la zona del Pla de Beret, de cuya existencia no tenía noticia apenas veinticuatro horas antes de subirlo. Y también ha sucedido en septiembre, con la excursión al Comabona, el bastión oriental de la Serra del Cadí, en el que ya había estado más de una vez, pero que en esta ocasión hemos subido desde el Coll de Pendís y el entorno del Moixeró, terreno por el que no me había movido nunca antes. O hace muy poco con mi ataque por la espalda al Pic de la Dona, en un entorno tan trillado como el de Ulldeter, pero habiendo conseguido recorrer la cabecera del valle francés que baja hacia Mentet y alguna de sus cadenas, todo ello terreno nuevo para mí (os enlazo al final las galerías de fotos de estas cuatro actividades). En fin, todo esto también es novedad, modesta pero novedad al fin y al cabo, y me permite cumplir con la máxima de los gurús de la autoayuda, eso de que al menos visita un sitio nuevo al año. ¿Me sirven estas cosas para salir de mi zona de confort? Muchas personas me dirán que no, porque no tienen nada de desafío, de asunción de entornos y situaciones radicalmente diferentes a las habituales, sólo suponen trocitos de pequeños terrenos nuevos en medio de un mundo que conozco de memoria… Vale, tal vez… Yo soy de los que disfruta volviendo a los lugares que ama, casi tanto, si no más, que conociendo nuevos sitios; supongo que por eso nunca me he sentido especialmente viajero, la verdad es ésta…

 

 

 

 

Pero es que, claro, esto de la zona de confort quizás no tenga tanto que ver con que practique montaña más o menos lejana o exigente, sino en verdad con la vida que vamos desarrollando cada uno de nosotros, con algo mucho más integral que una sola faceta de nuestras vidas…. Umm, la zona de confort… Me da por pensar que si realmente saliera de mi zona de confort, si me tomara en serio esta necesidad, acabaría saliendo en los periódicos, y no precisamente para bien… Si hablamos de cosas tan profundas como las relativas a nuestra manera de vivir, ser y pensar, a cómo vivimos capeando y transigiendo con los condicionantes y limitaciones que la vida nos impone, a cómo a muchos de nosotros la falta de convicciones nos impide fijar una ruta clara hacia un objetivo diáfano, a cómo además nuestros miedos nos bloquean a la hora de coger el timón con firmeza, pues va a resultar que salir de la zona de confort supondría lo más parecido a una declaración de guerra… Sí, porque comportaría cosas como romper con la mayoría de relaciones humanas que hemos establecido, enviarlo todo y a todos a la mierda, dar saltos al vacío a riesgo de no tener red debajo, jugárnoslo quizás todo, e incluso generar violencia, sí, por qué no, generar violencia en nombre del sacrosanto derecho a salir de nuestra zona de confort. Bien, personalmente os diré que, pese a mi recurrente cobardía, empiezo a saber lo suficiente como para estar casi convencido de que lo que me aguarda al final del camino no es nada más que la serena invulnerabilidad de un vacío sin consciencia ni sufrimiento… O sea que en este aspecto, si me decidiera o me viera obligado a salir de mi zona de confort hasta las últimas consecuencias, tal vez tampoco sería tan grave ni me costaría demasiado hacerlo…

 

 

 

 

Pero sigo creyendo que no me conviene salir en serio de mi zona de confort, y no seré tan osado de añadir que a casi nadie (a menos que no tenga absolutamente nada que perder), porque a la postre cada uno vive su vida como le parece, o como puede... Si acaso, sospecho que a mí me conviene hacerlo como lo vengo practicando desde hace mucho tiempo, con la “boca pequeña”, paños calientes, curas paliativas que en muy poco cambian la realidad, pero curas que te dan el oxígeno suficiente para seguir respirando y aguantando, en lugar de acabar liándote la manta a la cabeza y organizando un estropicio irreparable… ¡¿Qué poca ambición, verdad?!... Pues sí, poquita, poquita, ya he dicho hace un rato que lo que de verdad quiero es que me dejen tranquilo: parece poco ambicioso, sí, pero puedo aseguraros que resulta extraordinariamente jodido de conseguir… Aunque, ojo, se trata de desear en “tono bajo”, porque siempre hay que tener cuidado con lo que se desea, no vaya a ser que no esté bien sopesado y resulta que va y se cumple...

 

 

 

 



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