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lunes 2 de mayo de 2016, 16:36:13
Vértices
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Pues una vez más el ”Vèrtex” (“vértice”, en castellano), la revista bimensual de la Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC), me suministra material que considero interesante para dejar ir un poquito la cabeza, hacerla girar, menearla en definitiva… Se trata del número 265, el último, correspondiente a marzo-abril de este 2016. Y sin que sirva de precedente, resultan ser tantos como tres los artículos que me llaman la atención, de cuya lectura he disfrutado y me hacen reflexionar, tres artículos de los que dos están escritos por “viejos conocidos”, Ester Sabadell y Enric Faura, cuyos textos ya han salido alguna vez en este blog. Se trata de temas que me interesan, y en cuyo enfoque coincido en muy buena medida, y por eso me apetece compartirlos con vosotros. Ya, es fácil hablar de aquello en lo que coincides, lo jodido es discrepar, y más hacerlo con argumentos… En fin, esto es un blog personal, no un foro de debate… Vértices… ¿Por qué “vértices”? Porque más allá del nombre de la revista, que encuentro muy acertado, un vértice es un punto en el espacio al que a los montañeros nos gusta encaramarnos, un lugar en el cosmos en el que experimentamos cosas… Ah, y porque en este caso son tres…

 

 

Empieza Ester Sabadell en la página 17, en su columna habitual llamada genéricamente “Muntanyes d’emocions” (me permitiréis que esto no lo traduzca, es fácil…). De Ester ya colgué no hace mucho unas consideraciones mías a propósito de una columna suya en la que reflexionaba sobre el riesgo en la montaña, y que os enlazo al final; ya entonces hablé brevemente de ella y no lo voy a repetir ahora. En esta ocasión, su columna lleva por título específico “Homo sapiens”, y en ella gira en torno a nuestra actividad montañera vista no como un acto físico e instintivo, animal, sino como un acto reflexivo característica y exclusivamente humano; y esto a propósito de lo que opinan muchos, que subir montañas es una animalada… Partiendo de un comentario de un libro que no he leído, “De animales a dioses (breve historia de la humanidad)”, de Yuval Noah Harari, explica cómo su lectura nos permite comprender que durante unas cuantas decenas de miles de años los humanos nos hemos ido haciendo un mundo a medida, para estar cómodos y sentirnos protegidos frente a un mundo natural hostil. Y esa construcción es lo que los antropólogos llaman “cultura”. Empieza así (traduzco al castellano): “ Vivimos en un mundo creado por nosotros. Seguros en nuestras construcciones y fantasías.” Poco después dice: “Quizás por eso muchos viven dando la espalda al planeta, para no perder esta sensación de seguridad. Y viviendo dentro de este mundo ficticio, nos pensamos que lo dominamos”.

 

 

Pensamos que lo dominamos… Una idea-fuerza poderosa en la que siempre acabo recalando: necesitamos pensar que lo dominamos, es la sensación-placebo que nos permite sentirnos orgullosos de nosotros mismos y dormir con felices sueños de autoprotección. Muchas personas afirman sin pestañear que nuestro raciocinio y nuestra tecnología nos han permitido efectivamente dominar, o al menos controlar, el mundo, y que eso es bueno porque es en nuestro beneficio. Bien, como elemento primario de reflexión puedo compartirlo, no soy partidario de renunciar a nuestras conquistas en tanto nos ayudan a llevar adelante nuestra existencia, por descontado… Pero la sensación consiguiente de que dominamos el planeta la considero de un presuntuoso extremo. Pienso que es mentira, y la prueba es que nos seguimos quedando estupefactos cada vez que la Naturaleza, en su devenir irracional, automático y por supuesto ajeno a toda moral y a toda piedad (productos exclusivamente humanos), nos acorrala contra la pared, nos pone en nuestro sitio, mostrando nuestras limitaciones y nuestra enorme fragilidad. Además, lo que en realidad estamos alterando es el nicho natural en que los humanos podemos sobrevivir, pero no la existencia del planeta en sí y de muchas otras formas posibles de vida: por suerte creo que no tenemos ese poder. Cuando decimos que nos estamos cargando la Tierra, ejercemos una vez más un penoso acto de antropocentrismo, confundiendo nuestro destino con todo lo demás: una vez auto aniquilados por nuestros propios errores y excesos, la Tierra seguirá girando y la vida continuará en ella sin nosotros, de una forma o de otra pero continuará. Quizás a la vista de nuestros meritos merezcamos solamente eso, el olvido, como una cima devorada por la niebla…

 

 

Pero creo que el auténtico propósito de Ester Sabadell con su artículo viene luego, cuando contrapone esta visión artificiosa de las construcciones culturales humanas con la de quienes lo ven de manera diferente, y en cierta manera enlaza con su artículo sobre el riesgo en la montaña del que ya hablé en su momento: “Otros deseamos adentrarnos en un mundo menos humanizado para sentirnos libres. Fuera de estas normas de juego, lejos de esta fantasía humana. Su precio: convivir con el peligro […]. Supongo que lo que somos es justamente eso, nosotros […]. ¿Y qué vemos? Que todo lo que hemos creado no nos sirve para sobrevivir afuera, que las normas aquí son otras […]. Un espectáculo de acontecimientos nos recuerda constantemente que somos vulnerables.” Ah, la vulnerabilidad, qué sensación más genuina cuando se busca deliberadamente… Aunque no se trata de convertirse en un “friki” de la vida natural y del peligro, que “haberlos haylos”; no, no se trata de eso. Y por eso añade: “Pero también deseamos volver a casa y sentirnos de nuevo seguros en nuestros hogares. Una ducha caliente nos devuelve a nuestra fantasía y nos gusta”. Por supuesto, qué gran verdad, a todos nos ocurre, al fin y al cabo somos humanos y nuestra burbuja fabricada nos tira mucho… Y a propósito de dónde se ubica la fantasía, añade a continuación: “¿O estaba ahí afuera la fantasía? Confusión que por unos momentos nos divierte…”. Y ahora viene la clave de bóveda de toda la reflexión: “No nos engañemos, escalar también está dentro de este mundo imaginario […]. Todo comienza con un esbozo en un papel que da forma a un sueño hecho a medida. Algunos dicen que esto de subir montañas es una animalada, cuando justamente el motivo de subirlas difiere mucho de una lógica animal. Subimos aquello que previamente hemos fijado con la mirada, un impulso que poco tiene que ver con una recompensa alimenticia o de vigilancia. Nuestra recompensa tiene mucho más que ver con la capacidad humana de soñar.”

 

 

Fabulosa esta dualidad entre nuestra realidad y nuestra fantasía, esta duda metódica y casi irresoluble entre cuál es nuestra auténtica naturaleza, si la del constructor racional de entornos artificiales y amigables, o la otra, la de la criatura que necesita evadirse de esa burbuja para saberse natural y vulnerable. Sea lo que sea, nuestra actividad difiere mucho de una simple reacción animal. No sabemos si nuestra vida humana es una fantasía, pero sabemos que nuestra condición humana nos permite soñar, y los sueños son el cemento de las fantasías. Y precisamente esa capacidad a algunos nos lleva más allá de la facilona zona de confort, desarrollando actividades que nada tienen que ver con nuestra manutención o nuestra supervivencia, actividades que por eso también son una emanación de nuestra burbuja artificial, de nuestra condición de humanos, en definitiva… ¿Esa parte de nuestra vida es la real, o al contrario? Supongo que cada uno de nosotros tiene sus respuestas, a menudo oscilantes e inseguras, desde luego. Es posible que no se pueda zanjar el tema en términos de realidad o ficción… En el monte nos sentimos liberados y auténticos, pero sabemos que no podemos vivir en él como si fuéramos marmotas o rebecos. Sabemos que hemos de volver a nuestra burbuja, que incluso deseamos hacerlo… No tengo una respuesta inequívoca, y me fascina no tenerla. Quizás Ester la tenga… Leyéndola, se me ocurre que para ella la fantasía es la creación cultural humana, una fantasía que acaba siendo nuestra realidad, y que dentro de ella se encuentra también nuestra actividad montañera, cimentada en nuestros sueños... O no… Ella remata su reflexión diciendo que nuestra actividad en las montañas “es nuestra realidad disfrazada de ficción […]. Quizás somos eso: ficción.”

 

 

El segundo artículo que me ha llamado la atención es el de Enric Faura en su columna habitual, genéricamente llamada “Muntanyes endins” (algo así como “montañas adentro”); está en la página 19. Alguna cosa de Enric Faura ya ha salido en este blog (os enlazo al final lo que escribí hace tiempo sobre ello), y en esta ocasión su reflexión se llama “Excursionisme KM 0” (creo que tampoco precisa traducción). Habla de la necesidad de no perder de vista lo que él llama “excursionismo kilómetro cero”, el despliegue de nuestra actividad en nuestro entorno más inmediato, descubriendo como quien dice “el patio de casa” al que nunca hemos prestado atención, lanzando sobre él una nueva mirada… Y esto en contraposición a lo más habitual, que es irse más o menos lejos (horas de coche, o de avión…) a buscar el terreno donde desplegar la acción. El avance tecnológico y económico de los últimos tiempos (vehículos más rápidos y seguros, mejores carreteras, interconexiones aéreas rápidas, innumerables y a bajo coste, etc…) ha favorecido este estado de cosas en perjuicio de la observación y disfrute de lo que tenemos al lado de casa… (y esto lo vincula con ciertos movimientos actuales que defienden una movilidad sostenible, preferiblemente con transportes públicos o tus propias fuerzas, para acercarse hasta el “terreno de juego”). Y parece lamentarse: “Hoy esto es más fácil que nunca, y te encuentras con personas que han ido a los Alpes, los Andes o el Himalaya sin conocer rincones emblemáticos del Vallès que hasta hace poco eran puntos imprescindibles en la formación de todo montañero.”

 

 

Leyendo todo esto pienso inevitablemente en mi actividad montañera… Empecé en el Vallès, cierto, me extendí hasta el Pirineo más próximo, luego acabé recorriéndome casi todo el Pirineo y he terminado por ir bastantes veces a los Alpes… Pero tampoco he ido más allá, y dentro de este círculo geográfico que he trazado, que tuvo su máximo, me encuentro ahora mismo en un proceso de contracción que me retrae cada vez más de nuevo al Pirineo más próximo y al Montseny… Cuando me dejo llevar por mi lado oscuro me da por pensar que estoy empezando a estar acabado como montañero de verdad, así lo veo... Y resulta que leyendo estas reflexiones de Enric Faura parezco encontrar una especie de alivio íntimo, que incluso podría estar en línea con las últimas tendencias (cosa que siempre me ha quitado el sueño, jejeje…). En fin, los motivos de mi contracción, cuando los analizo con frialdad, son los que son, y todo lo demás son excusas de mal pagador, que se dice… Añade Enric Faura a continuación: “Aparentemente pueden parecer dos actitudes contrapuestas, pero probablemente no lo son tanto. En la misma esencia del excursionismo hay una voluntad de conocimiento geográfico y de exploración del territorio. Conocer y gozar de lo que tenemos cerca de casa y a la vez anhelar ir más lejos, a descubrir otros macizos y lugares infrecuentes, forma parte de la tradición excursionista. No es incompatible defender un excursionismo de kilómetro cero y viajar a zonas lejanas a hacer montaña. Lo que quizás sea erróneo es menospreciar lo cercano, deslumbrado por el exotismo extranjero”.

 

 

Pues bien, supongo que es así, no tengo motivos para ponerlo en duda, al contrario. Pero ese “supongo” que he dejado caer, no es casual… Termina Enric Faura defendiendo que ambos tipos de actividades han de basarse en la misma filosofía: explorar, conocer territorios, personas, costumbres. Adquirir un bagaje para crecer como persona, como deportista y como montañero. “Cuando estas actitudes confluyen, todo deviene más harmónico y coherente. La clave reside en tener una actitud vital y personal similar al lado de casa o en un continente lejano. En el fondo el excursionismo es una forma de mirar el mundo.” Y termina: “Porque el excursionismo es una forma de encarar la existencia, independientemente del lugar en que se practique.” Vale, desde luego, supongo… Y vuelvo al “supongo” porque toda esta visión, que comparto, sospecho que a veces sirve para enmascarar frustraciones montañeras que uno arrastra desde hace mucho, y que probablemente nunca dejarán de ser eso, frustraciones… Obviamente no hablo por alguien como Enric Faura, que ya ha dado muchas vueltas por ahí, lo que acredita la fluidez y veracidad de su argumentación; hablo por mí…

 

 

El tercer artículo que me ha gustado en este número del “Vèrtex” está en la página 23, en la columna que escribe habitualmente Marc Pinsach bajo el título genérico “Traces” (trazas o rastros, en castellano), y que se llama “No vull ser feliç” (no quiero ser feliz). Está planteado como un relato en tercera persona sobre alguien que se dedica a disciplinas de montaña potentes, carreras y “trails”, y que de pronto, saboreando el éxito, no experimenta ni felicidad ni tristeza, sino que se derrumba en el abismo de la indiferencia. La indiferencia hacia lo que ha conseguido o acaba de conseguir, una especie de vacío… Algo que, salvando las distancias, todos los montañeros experimentamos en mayor o menor medida cuando hemos conseguido un objetivo anhelado y de pronto nos preguntamos: ¿y ahora, qué? Algo que, desde luego, creo que se experimenta en casi todos los aspectos de la vida cuando triunfas…

 

 

Nuestro protagonista triunfador, de pronto, en la ebriedad del éxito, añora la intensidad de todo lo que sentía antes de conseguirlo. Y escribe Marc Pinsach: “Cuando estaba en el otro lado, el de los teóricos fracasados, se sentía herido, pero no muerto; tocado, pero no hundido; motivado, pero no perdido; ilusionado, pero sin ser un iluso […]. Él todavía no lo sabía, pero al final descubrió que aquel primer momento de decepción, de tristeza, de fracaso por no haber llegado, todavía, a conseguir el objetivo deseado, era en realidad la felicidad. O un sentimiento que se le parecía. O al menos, un sentimiento que en ningún caso conducía a la indiferencia, que es mucho peor que no encontrar la felicidad…”.

 

 

Como es precioso lo que sigue hasta el final, y se comenta por sí mismo, os lo transcribo entero. “Él pensaba que la felicidad se encontraba sobre un podio, en una medalla o apuntándose una vía al currículum. Pero una vez conseguido todo esto, descubrió que no era así. Todo era producto de su imaginación – allí donde reside la libertad infinita y donde la ilusión no muere nunca. Sobre un podio encuentras la indiferencia, la vaciedad y la desorientación por haber llegado al final de un camino. El éxito al final de un camino donde vive la vanidad, pero muere la ilusión. La felicidad no se encuentra haciendo realidad nuestros deseos, sino manteniendo los sueños y logros que anhelamos a una distancia suficiente como para poder ilusionarnos y gozar persiguiéndolos, a la vez que no los acabamos de atrapar nunca. Por eso acabó descubriendo con dolor y resignación que él no quería ser feliz.”

 

 

Una vez leídos estos tres textos, me queda una deliciosa sensación de geometría estable, triangular, con sus tres vértices perfectamente definidos y que se contrabalancean hasta alcanzar el equilibrio… Primero, una reflexión sobre la naturaleza de nuestro juego… Luego, una reflexión sobre el terreno de juego… Y para acabar, una reflexión sobre lo que el juego genera en nuestro interior, una especie de “motum perpetum”… Fascinante. Y es que cuando hablo de nuestro juego, hablo de la vida, porque al fin y al cabo la montaña y la vida están hechas de la misma substancia, ¿no?...

 

 

 

 

 

PD. Desde luego que ésta es mi visión personal, mi interpretación de lo leído, complementada con  mis extractos personales de los textos. Por eso, si tenéis acceso a ellos, os recomiendo que los leáis completos y lleguéis a vuestras propias conclusiones… 

 

 

 

PD 2. Os enlazo lo que escribí no hace mucho sobre un artículo de Ester Sabadell:

http://gerardo.madteam.net/posts/2015-01/riesgo-cero/

 

Y a continuación lo que dieron de sí en este blog dos artículos de Enric Faura:

http://gerardo.madteam.net/posts/2010-07/caminar/

 

 

 

PD 3: ¿A alguien le apetece jugar, averiguando de dónde son las fotos que he colgado?

 

 

 

 

 

 




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