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domingo 17 de junio de 2018
Bacivers i Bastiments
Tipo de Entrada: ÁLBUM DE FOTOS


Ahir dissabte 16 de juny ens anem Otto i jo a Ulldeter, i des del pàrking de Vallter ens enfilem per Les Xemeneies al Coll de la Geganta, des d'allà directe a nord cap al cim del Bacivers (2.845), i tornem per la seva cadena sud-sudoest fins al Bastiments (2.881), per baixar per L'Esquena d'Ase (cadena est del Bastiments) de nou fins al Coll de la Geganta, i cap a Vallter. Bonic, sempre bonic...

I us enllaço un petit vídeo al costat de l'Ull de Bacivers, el vèrtex on pivota tota la ruta:

https://www.facebook.com/gerardo.labat/videos/2158705477477204/


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jueves 14 de junio de 2018, 17:15:13
La poda
Tipo de Entrada: CUADERNO | 2 Comentarios

 

 

 

 

La poda, eso a que son sometidas las plantas que han de convivir con los humanos en entornos urbanos, o semiurbanos, o al menos humanizados... Algo que solemos practicar sobre ellas los humanos, especialmente sobre los árboles, grandotes y vivaces ellos, cuando amenazan nuestro espacio. Está muy bien tener cerca cosas verdes, proveedoras de sombra, frescor y oxígeno durante las horas de luz… Sí, pero dentro de un orden, parece ser… Para mantener ese orden les practicamos la poda a los vegetales, sobre todo a los de gran formato, que tienen el “privilegio” de convivir con nosotros en nuestros entornos… alterados, digámoslo con todas las letras. Ya, ya sé que me podrá saltar algún biólogo o ingeniero agrónomo defendiendo la conveniencia de ciertas podas por razones sanitarias y de protección de la planta, y ni tengo conocimientos ni estoy en condiciones de discutírselo, en absoluto. Pensaba más en las podas que responden a otros parámetros, a parámetros de estética según los cánones humanos, o de defensa de espacios que hemos colonizado y desnaturalizado, que hemos hecho nuestros y en los que hemos de dejar nuestra impronta, no se vayan a pensar que esto es la selva, por favor…

 

Pues eso, la poda… ¿Y por qué nos habla éste de la poda, qué tripa se le ha roto?, me vais a decir… Bueno, me puedo intentar justificar sucintamente, si me permitís. Resulta que tengo un ficus en el patio de la casa en la que vivo de alquiler, en Vilassar de Mar, en la costa catalana cerca de Barcelona. Cuando entramos a vivir en ella en 1996 era un arbusto grande de apenas un par de metros, pero con los años ha ido cogiendo cuerpo, tamaño y altura, supongo que favorecido por un entorno ideal en un ángulo muy soleado y con suministro de agua en el subsuelo a muy pocos metros de profundidad. El caso es que se ha ido convirtiendo en una “bestia” cuya copa debe de andar por los ocho o nueve metros de altura, con un tronco múltiple de un calibre enorme y un diámetro de hojas y ramajes muy poderoso, de muchos metros. Durante un tiempo yo lo podía “arreglar” un poco de vez en cuando, pero hace mucho que eso está fuera de mis posibilidades. Como la criatura se extiende en todas direcciones y tenemos vecinos, hace ya tiempo que la propietaria de la casa tiene a bien, muy amablemente, el enviarnos una vez al año una pequeña cuadrilla de jardineros que se encargan de la tarea de “humanizar” a semejante fenómeno de la naturaleza vegetal. Tiene una vitalidad portentosa y nos regala una sombra maravillosa (y también montones de hojas caídas en el patio, que hay que recoger regularmente), pero es verdad que se extiende por todas partes y comprendo que, en un entorno hiper humanizado como éste, es inevitable ir “acotándolo” un poco de vez en cuando.

 

En este árbol ha habido durante años nidos de mirlo (“merla” en catalán), y también de paloma, no la común sino la más exótica con collarín negro y plumaje gris perla, que emite un zumbido agudo al echar a volar, la verdad es que preciosa (no toca aquí y ahora hablar de los vencejos – “falciot” en catalán- que anidan cada año en la cámara de aire bajo el tejado, a los que oigo corretear por encima de mi dormitorio en las noches de primavera y verano, y vuelan con agudos chillidos en fascinantes y raudas maniobras de apariencia imposible para entrar y salir por las aberturas de la cámara…). Hasta ahora las intervenciones en el árbol habían sido digamos que “limitadas”, respetando siempre una mínima pantalla de hojas que nos protegiera del sol y de las miradas del vecindario, pero este año las cosas no han ido exactamente igual… La cuadrilla se ha presentado con órdenes estrictas, parece ser, de no tener que volver a hacer el mismo trabajo en bastante tiempo, y en muy pocas horas de trabajo han convertido el ficus en un esqueleto de grandes ramas rectilíneas y casi verticales, todavía de muchos metros de altura, pero en las que no ha quedado apenas una sola hoja… La criatura no sufrirá, ya lo sé, su vitalidad está acreditada y en poco tiempo va a comenzar a echar hojas, pero la primera impresión es deprimente… Nos hemos quedado sin sombra prácticamente, y expuestos visualmente a todo el vecindario con balcones por encima nuestro. Confiado en el resultado de otros años, he de reconocer que no he estado demasiado pendiente de los trabajos, y cuando he reparado en los efectos ya no tenían remedio (aparte de que “quien paga, manda”, y parece ser que había instrucciones precisas inexistentes en años anteriores, en fin…). 

 

La poda, la poda… Sospecho que todo acaba siendo podado en un momento u otro… Bueno, no lo sospecho, lo constato de forma continua, la verdad. Podamos sobre todo las cosas vivas, sometidas a crecimiento, que nos estorban. Y también aquellas otras cosas no exactamente vivas, pero vinculadas de forma íntima a procesos de vida. No sólo podamos plantas y árboles, sino también sentimientos, emociones, vivencias… Somos criaturas castradoras y “autocastradoras”, casi siempre en nombre de una existencia razonable que supuestamente impone la necesidad de estas mutilaciones. Quizás sean elementos que también nos estorban, supongo, porque la vida es un proceso continuo de cambio y transformación, y el bagaje que teníamos antes podría no servir para nada ahora mismo, o mañana… Somos muchos, nos molestamos mucho, y de una forma o de otra parece que nos hemos de desprender de parte de nosotros mismos para que no se vaya todo a la mierda, y para que la convivencia no sea imposible, o hacer que los otros se desprendan de sus sobrantes molestos para nosotros. Desechamos y hacemos desechar apegos a relaciones viejas que quizás nos hirieron, podamos emociones generadas en situaciones que quizás no convenga perpetuar, o eso creemos, y también incluso realizamos podas por puro y simple pánico… Y no sólo lo practicamos con nosotros mismos, sino que se lo practicamos a los demás y ellos nos lo practican a nosotros, o lo hace el entorno, o las circunstancias, o llamémoslo como queramos… Muchas veces, una intervención que no hemos querido o no hemos podido supervisar, como yo con el ficus del patio… La vida nos impone podas, muchas podas, y a menudo es muy complicado ofrecer una resistencia efectiva, me temo. A mí en los últimos tiempos me han venido impuestas ciertas podas, vaya que sí… Quiero creer que es a duras penas evitable y procuro no hacerme mala sangre, porque ante todo hay que seguir intentando ser razonablemente libre y feliz, y para remate puedo reconocerme como corresponsable de algunas de estas podas, desde luego. Me he encontrado podados lugares, emociones, relaciones, actividades, incluso ilusiones, por qué no decirlo… Las circunstancias, o el azar, o la actitud individual de permisividad o dejadez, acaban imponiendo estas podas, y por no ir más lejos de la temática de este blog, también me voy encontrando podas en mis actividades en montaña, y tanto que sí: me estoy encontrando una montaña cada vez más podada (y no me refiero a las aglomeraciones o al deterioro medioambiental…). Están resultando podadas mis ilusiones montañeras, mi ambición montañera, la fe en mis posibilidades montañeras, y por tanto mis objetivos y actividades montañeras… Aunque no sé si me apetece hablar de ello ahora, pese a ser éste en teoría un blog de montaña, ni tampoco creo estar en condiciones de calibrar ahora mismo mi grado de responsabilidad en todo ello.

 

Tal vez lo más triste no sea todo lo anterior, porque en cierta manera uno se pone a tiro de la podadora y suele ser corresponsable del destrozo, sino lo que os cuento a continuación, algo que afecta a la inmediatez de los hechos, al ahora puro y duro. Tras el desaguisado en el ficus del patio, he descubierto consternado el peor de todos los efectos posibles. Este año también había un nido de palomas de collarín negro, pero sólo me he percatado de ello al contemplar el armazón deshojado del árbol. En el extremo superior de una de las ramas más rectas hay un nido perfectamente visible, que en estos días ocupa constantemente una paloma; no sé si está todavía incubando, o ya hay polluelos, pero la intervención no la ha hecho huir… El caso es que la poda ha dejado el nido completamente expuesto, expuesto al sol durante horas, a la lluvia, al viento… Temo que se haya condenado esta nidada… Desde que se perpetró la poda, hace más o menos una semana, apenas salgo al patio… No es tanto porque no tenga sombra y que me vean los vecinos, que desde luego es así… Es que no soporto la contemplación de esa criatura inocente, empeñada en una tarea que seguramente la manipulación y la desidia humanas hayan malogrado de forma irremediable. Me siento corresponsable y casi me entran ganas de ponerme a llorar…

 

 

 


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domingo 3 de junio de 2018
Pastuira i Fontlletera
Tipo de Entrada: ÁLBUM DE FOTOS


Dissabte passat 26 de maig l'Otto i jo ens vam enfilar fins al Fontlletera (2.581) i el Pastuira (2.693) des de la cota 1.950 de la pista que puja per sobre de Tregurà de Dalt, al Ripollès. Un matí molt rúfol, amb vent intens de sud i núvols associats que van amagar el sol tot el matí, i amb una temperatura de sensació força fresqueta....

Us enllaço també un vídeo on s'aprecia molt bé la méteo del matí:

https://www.facebook.com/gerardo.labat/videos/2130577190290033/


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viernes 4 de mayo de 2018
Puigmal per.... (redoble de timbal)..... Fontalba !
Tipo de Entrada: ÁLBUM DE FOTOS


Doncs sí, dimecres 2 de maig Mati, Otto i jo remuntem amb el cotxe per la pista de Fontalba, ja neta de neu, i des del Coll de Fontalba ens enfilem pel llom sud fins al cim. Molta neu per ser maig, i ambient molt fresquet i ventós, per variar (jejeje...). Preciós, oxigenant, i bastant hivernal encara... Us enllaço també un parell de vídeos penjats al meu FB:

https://www.facebook.com/gerardo.labat/videos/pcb.2099703376710748/2099706223377130/?type=3&theater

https://www.facebook.com/gerardo.labat/videos/pcb.2099703376710748/2099706556710430/?type=3&theater


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viernes 27 de abril de 2018, 16:28:12
Cesco y la montana
Tipo de Entrada: CUADERNO

 

 

"Cesco y la montaña", éste es el título de un relato breve que acabo de leer, escrito en 1908 por Hermann Hesse (el autor, entre otras obras, de “Siddharta” y de “El lobo estepario”). Su protagonista, Cesco Biondi, es un chico reservado y solitario, con ciertos problemas de relación, especialmente con las chicas. Emplea parte de su tiempo en recorrer solo las montañas y cimas que rodean su pueblo, uno de sus “hábitos extravagantes, el de hacer largos y solitarios paseos por las montañas que conocía bien y en las que hallaba plácido esparcimiento, en sus cumbres y panoramas, en sus animales y plantas, en sus piedras y cristales. Con el tiempo, Cesco, que gustaba de seguir sus propios caminos y evitaba los lugares más visitados, empezó a frecuentar los inhóspitos parajes del monte Giallo, en los que nunca había un alma viviente y abundaba el territorio virgen”. Es ésta una montaña de entre las muchas que se erigen en la sierra de cumbres célebres del entorno, pero casi desconocida por sus largos accesos y sus difíciles vías de ascensión, de previsibles vistas poco prometedoras, y “por añadidura sus despeñaderos, sus ventisqueros y las condiciones de la nieve le habían dado mala fama”.

 

 

Cesco se va aproximando a ella con calma, sin prisas, en diversas incursiones en las que va avanzando poco a poco hacia arriba, siempre cada vez un poquito más alto, explorando rutas y disfrutando del contacto con la montaña como se disfruta del descubrimiento de una excelente y verdadera amiga, casi una amante. Durante un año la va tanteando, va progresando por su terreno complejo sin forzar la máquina nunca, con la dedicación y la paciencia que le prestamos a un amor recién vislumbrado. Pero algo acaba mutando al final del segundo verano de relación, y aflora en Cesco una visión codiciosa en la que su amor por el monte Giallo vuélvese celoso y desconfiado, posesivo, una montaña que ahora le desafía y a la que debe sojuzgar. Cesco persevera, pero la montaña le presenta una resistencia que ahora parece agresiva y no fraterna, que le hace sufrir, e incluso en una ocasión le obliga a regresar de ella medio congelado y con un brazo roto.

 

 

Al verano siguiente, después de muchos tanteos, vuelve a internarse en las alturas de la montaña acompañado de un amigo, perfectamente equipado con cuerdas y todo, e incluso practicando un vivac “con su manta de lana y su botella de coñac”. A la mañana siguiente, bien temprano, emprenden el ataque a cima. Tras diversas grimpadas tirando de cuerda, y después de atravesar un nevero, se internan en una pared rocosa de apariencia casi inaccesible, pero en la que una cornisa ancha permite progresar. El obstáculo parece vencido y la cima próxima, pero “la pared formaba un repliegue, y cuando Cesco creía haber triunfado ya, inesperadamente, del otro lado de la arista, le azotó con fuerza una ráfaga de viento. Cesco volvió la cara, se sujetó el sombrero, dio un paso en falso y desapareció de la vista de su acompañante.” Éste se asoma y lo vislumbra tendido en el fondo de un barranco. Intenta durante dos horas llegar hasta él para socorrerle, pero como no lo consigue decide bajar a buscar ayuda al pueblo, a donde llega muy tarde y agotado. De inmediato un grupo sale en busca de Cesco.

 

 

Cesco está inmovilizado completamente, con las dos piernas y diversas costillas destrozadas. Pasan las horas, y Cesco se sabe malherido y le da vueltas a la cabeza... Y ahora os transcribo tal cual los tres largos párrafos finales del relato de Hermann Hesse, porque no quiero introducir más alteraciones ni juicio de valor alguno…

“Cesco pensó también en sus paseos y recordó el primer día en que subió al monte Giallo. Entonces reparó en que hubo un tiempo en el que él andaba por allí confiado y alegre y le cobró un gran afecto a la montaña. Entre fuertes dolores, volvió la cara y miró hacia lo alto, y la montaña le miró serena a los ojos. Cesco contemplaba a su vieja amiga, triste y enigmática a la luz del crepúsculo, con sus flancos hendidos y magullados, viejísima y cansada, en su breve descanso veraniego, después de la efervescencia de la primavera.

Cesco Biondi miró a su montaña, el monte Giallo, a la que tan bien creía conocer, y la vio por primera vez en su milenaria soledad, con su triste dignidad, y por primera vez vio y comprendió que todos los seres, montañas y hombres, gamos y aves, las estrellas y todo lo creado, que todo vive su vida sin poder sustraerse a un ferviente anhelo, buscando su final, y la muerte de una persona no es más ni significa más que la caída de una piedra desprendida de la montaña por las aguas, que va rebotando por la ladera, hasta que se rompe en mil pedazos o queda a merced del sol y la lluvia que la erosionan lentamente. Y, mientras gemía y veía acercarse la muerte con el corazón helado, Cesco sentía el mismo gemido y aquel mismo frío sin nombre en la montaña, en la tierra, en el aire y en los astros. Y, aunque sufría mucho, no se sentía completamente solo y, aunque su muerte le parecía espantosa y horrible en aquella soledad, no era a sus ojos más horrible ni más espantosa que todo lo que sucede todos los días en todas partes.

El monte Giallo se guardó a Cesco, al que nunca encontraron. En el pueblo se lamentó mucho su desaparición, pues todos hubieran deseado darle sepultura y descanso en el cementerio. Pero, no descansó peor sobre las piedras de la montaña ni cumplió peor las leyes del destino que si hubiera sido enterrado entre cánticos, a la sombra de la iglesia de su pueblo tras una vida larga y feliz”.

 

Pues ahí queda eso.

 

 

 

 


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